Hace unas pocas semanas, de vuelta a casa, me encontré en el tren con un viejo conocido junto con una compañera suya de carrera. Entre la espera en la estación y los veinte minutos de viaje se puede dialogar sobre muchos temas, pero esta vez sólo fue uno el que nos ocupó todo el trayecto. Estos estudiantes me afirmaban que los becarios son estudiantes que suponen de mucho tiempo para perderlo trabajando “por unas cantidades ínfimas de dinero”. En mi afán de defenderme comentaba que hay quienes trabajan de becarios para poder pagarse la carrera, para crearse una colchoneta poco hinchada para tener “algo” al acabar la carrera, puesto que la oferta laboral actual no es la mejor. A esto me contestaron que no es que necesitemos el dinero, sino que llevamos un nivel de vida muy superior al resto de los estudiantes. A esto me quedé perpleja, que dos personas vestidas con ropa de marca de grandes diseñadores europeos, con móviles que podrían ser la envidia de cualquier mileurista, con gafas de sol que pueden rondar los 200€ y un estilo claramente marcado en la nueva Jet Set, me dijeran que yo trabajo para llevar un nivel de vida más alto que el suyo, era una excusa barata de niños de papá con todos los gastos cubiertos más ganancias, y vacaciones anuales al extranjero en hoteles de muchas estrellas.
Intenté defenderme mirando el futuro más inmediato, aún así, no conseguí convencerles de que no quiero sangrar a mis padres más de lo necesario, sino costearme yo mi ropa, mis cafés, mis vacaciones, mis estudios, etc.
La única conclusión que me queda es que los becarios, a parte de ser explotados y sin derechos sociales, damos imagen de sanguijuelas, vagos, con mucho tiempo de sobra, y estudiantes con altos ingresos económicos y grandes caprichos, aunque el dinero del que disponemos no nos permita pagarnos ni el más barato de los coches, seguro y gasolina. Por eso seguiremos pagando abonos transporte abusivos, aunque nuestra imagen de estudiantes superiores quede mermada.
M. F